Es obvio que como seres humanos jamás hemos pensado como morir, sin embargo al ser parte del ecosistema es necesario recurrir a otros seres vivos, así como los demás habitantes de este planeta requieren alimentos y muchas veces los toman de animales más pequeños.
La mayoría de nosotros ingerimos carne de diversos animales, los cuales nacen, crecen y mueren para alimentarnos, en este caso hablamos de los toros, a pesar de que son criados para desempeñar esta tarea con su carne, ¿de qué manera podrían vivir y sufrir lo menos posible para llegar a nuestra mesa?
En primer lugar hablaremos del estrés que los animales pasan durante algún periodo de tiempo hasta que mueren, al ser sometidos a una gran tensión, segregan una hormona llamada cortisol, la cual requiere 15 a 20 minutos aproximadamente para alcanzar su valor máximo. Cabe mencionar que estos niveles hormonales hacen que la carne que ingerimos sea de menor calidad, por lo consiguiente, menos benéfica para nuestro cuerpo.
He ahí donde debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿dónde sufren más estos animales, en las granjas y rastros, o en las ganaderías de lidia y las plazas en donde se llevan a cabo las corridas de toros?
Más allá de la fiesta brava, hay que enfocarnos en la vida y muerte de los animales sin juzgar las aficiones, o las profesiones, ya que la mayoría de la gente no juzga a las personas que trabajan en rastros porque es la forma en la que llevan el sustento a sus casas, igual que toreros, banderilleros, subalternos, monosabios, ganaderos, y mucha más gente que labora en las plazas de toros y en las ganaderías.
Un toro de lidia al nacer, permanece varios meses con su madre, se alimenta de ella y convive con sus hermanos, posteriormente tienen una excelente alimentación, ya que es perjudicial para un ganadero que sus animales estén obesos porque se tornan más pesados y lentos a la hora de la famosa faena. Un toro de lidia debe pesar en promedio 500 kg y mantenerse en ese peso desde que crece hasta que llega a la plaza. Viven entre cuatro y cinco años en las ganaderías totalmente cuidados, con veterinarios que están al tanto de su salud y de su crecimiento, cuando están listos son trasladados a la plaza que les corresponde días antes de la corrida, donde pasan sus últimos días en los corrales de las plazas. En España mueren entre 28 y 30 mil toros víctimas de la tauromaquia.
La mayoría de nosotros ingerimos carne de diversos animales, los cuales nacen, crecen y mueren para alimentarnos, en este caso hablamos de los toros, a pesar de que son criados para desempeñar esta tarea con su carne, ¿de qué manera podrían vivir y sufrir lo menos posible para llegar a nuestra mesa?
En primer lugar hablaremos del estrés que los animales pasan durante algún periodo de tiempo hasta que mueren, al ser sometidos a una gran tensión, segregan una hormona llamada cortisol, la cual requiere 15 a 20 minutos aproximadamente para alcanzar su valor máximo. Cabe mencionar que estos niveles hormonales hacen que la carne que ingerimos sea de menor calidad, por lo consiguiente, menos benéfica para nuestro cuerpo.
He ahí donde debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿dónde sufren más estos animales, en las granjas y rastros, o en las ganaderías de lidia y las plazas en donde se llevan a cabo las corridas de toros?
Más allá de la fiesta brava, hay que enfocarnos en la vida y muerte de los animales sin juzgar las aficiones, o las profesiones, ya que la mayoría de la gente no juzga a las personas que trabajan en rastros porque es la forma en la que llevan el sustento a sus casas, igual que toreros, banderilleros, subalternos, monosabios, ganaderos, y mucha más gente que labora en las plazas de toros y en las ganaderías.
Un toro de lidia al nacer, permanece varios meses con su madre, se alimenta de ella y convive con sus hermanos, posteriormente tienen una excelente alimentación, ya que es perjudicial para un ganadero que sus animales estén obesos porque se tornan más pesados y lentos a la hora de la famosa faena. Un toro de lidia debe pesar en promedio 500 kg y mantenerse en ese peso desde que crece hasta que llega a la plaza. Viven entre cuatro y cinco años en las ganaderías totalmente cuidados, con veterinarios que están al tanto de su salud y de su crecimiento, cuando están listos son trasladados a la plaza que les corresponde días antes de la corrida, donde pasan sus últimos días en los corrales de las plazas. En España mueren entre 28 y 30 mil toros víctimas de la tauromaquia.
Estos animales pueden llegar a tener estrés debido al cambio que sufren y a la transportación de la ganadería a la plaza, sin embargo deben estar sumamente cuidados ya que al llegar al ruedo no pueden estar golpeados o con los cuernos dañados.
Llega la hora de la verdad, es obvio que al salir al ruedo los animales comienzan con la tortura y el estrés, llega el tiempo de ser picados, de las banderillas y de demostrar su bravura en la faena, después de esto, es el tiempo de la estocada de muerte, en la cual el torero debe demostrar que realmente es un matador y ganarse la obasión y la premiación del público y del juez de plaza, si hay una buena estocada, el toro debe morir súbitamente, sin más dolor ni sufrimiento, es claro que si el torero no coloca la estocada de una manera correcta, se prolonga la agonía, finalmente el puntillero se asegura de acabar con la vida del animal. Todo este ritual no dura más de 20 minutos.
Posteriormente en la misma plaza se destaza y se envía a carnicerías, en donde la carne es muy solicitada ya que tiene poco contenido de grasa debido a la alimentación que llevaba el animal.
Vayamos al otro lado de la moneda. Los animales en granjas y rastros se dividen de acuerdo a su producción: las vacas nodrizas, y sus críos, los terneros. Las vacas nodrizas deben tener mínimo un parto al año para que la producción de carne rinda frutos, por lo que normalmente deben ser inseminadas. Su alimentación está basada en el ciclo de partos ya que requieren un índice de condición corporal medio al momento de parir. A los pocos días de nacidos, las pequeñas crías son separadas de sus madres, teniendo una experiencia traumática, además de empezar a recibir alimento que no proviene de sus madres, ya que la leche de estas también se comercializa. Normalmente estos animales son tratados en explotaciones industriales y algunos al aire libre. Durante los siguientes meses, consumen alimentos de engorda, y entre los seis y nueve meses de edad aproximadamente, tienen el peso suficiente para llegar al matadero, entre 650 y 850 kg.
El transporte hacia los rastros es el momento más estresante para los animales, en el camino se encuentran hacinados y la mayoría de las veces son maltratados, sin embargo tratan de que no se vean golpeados, ya que la carne con moretones no es bien recibida en los súper mercados. A su llegada no pueden ser sacrificados por el estrés que han pasado, lo cual hace que los músculos se contraigan y den carne de mala calidad, de este modo deben permanecer unas cuantas horas en ayuno y con suficiente agua, y ahora sí, es hora de la faena. En España mueren más de 5 millones de toros, vacas y terneros al año.
Pueden utilizarse varios métodos, entre éstos esta la puntilla, la cual consiste en herir la médula espinal para producir la caída del animal y por consiguiente se desangran elevando sus niveles de cortisol y prolongando su agonía. Otro método común se trata de dar un gran golpe en la nuca normalmente con pistolas de bala cautiva, con la cual se destruye el tejido nervioso, aunque puede producir una muerte rápida, si no es bien aplicado puede provocar convulsiones y una muerte lenta y dolorosa.
Después de realizar estos métodos se procede a meter al animal en agua caliente (60°) por lo que si no han muero anteriormente, morirán en este proceso. Al pasar esta etapa, prosiguen a sacar las vísceras y órganos internos, a destazarlos y repartirlos para su venta.
Así pues, es como viven y mueren estos animales completando su ciclo para ser ingeridos, ustedes juzguen y decidan como les gustaría vivir y acabar sus días si su fin fuera el mismo que el de estos asombrosos, nobles e impactantes animales, ¿qué es mejor, vivir años bien atendidos y someterse a un gran estrés por algunos minutos, o vivir meses siendo engordados y maltratados? Finalmente, ambas formas terminan cumpliendo el propósito que nosotros, los humanos, les hemos encomendado; saciar nuestro apetito.





